Publicado por Arlene , 4 de marzo de 2010

Sentada en el alfeizar de la ventana con un bolígrafo en la mano y las emociones saliendo por sus poros escribió:
"Mientras cae la tarde y las nubes, que parecen de algodón, surcan el cielo en busca de los últimos rayos de sol, a mí me ha dado por escuchar unas canciones que me pasaste hace ya tiempo, un tiempo lejano pero reciente a la vez, un tiempo que ahora me encoge el estómago igual que pasaba entonces, ese tiempo en el que sólo esperaba de ti una mirada amigable y unos abrazos que me dejaban la piel a medio camino de amarte. No sé hasta qué punto es buena la nostalgia porque el recuerdo de esos tiempos me deja un sabor agridulce en los labios y mirar al presente se hace incluso difícil. Creo que no he sabido asimilar la rapidez de los años y todavía me cuesta creer en lo que vivo... ¿Sabes? Me gusta pensar que fui la guardiana de tus secretos aunque ahora, siendo la princesa de tu castillo, no me dejes sobrepasar los muros de tu fortaleza. Pero he tomado una decisión, pienso parar el tic-tac del reloj para que los segundos no marquen mi camino."
Fue entonces cuando levantó la mirada del papel y las gotas de lluvia golpearon su rostro confundiéndose con las lágrimas.


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